Sobre la Descentralización Curricular

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La “descentralización pedagógica” o “descentralización curricular” ha sido un problema estructural de la educación nacional, patente antes de la reforma curricular de los años ’90. Desde la promulgación de la LOCE se comenzó a discutir el tema más seriamente, en donde por ejemplo esta ley define OF y COMO dentro de los cuales los establecimientos educativos debían trabajar pero teniendo libertades en la forma de implementarlos, lo que se tradujo en otras cosas, en la posibilidad de desarrollar planes y programa propios, situación que posee sentido a la luz de personalizar la enseñanza en virtud de las realidades particulares de cada establecimiento (situación que se había dado desde 1981 en el plano de la administración y el financiamiento con la descentralización de las instituciones fiscales para su administración por la municipalidades –incluso el cuerpo docente-, pero que no había dado libertades curriculares, las cuales las seguía detentando el ministerio de educación).

La reforma curricular de los años ’90, introdujo una serie de elementos para dotar de cierta autonomía (aunque dentro de los márgenes curriculares dados por el ministerio) para que los establecimientos educativos tuvieran los espacios de autogestionar sus propuestas formativas, siendo uno de los más relevante la introducción obligatoria de los proyectos educativos institucionales (PEI) que busca pensar, ejecutar y socializar un modelo de trabajo en función de la orientación de la institución. Los establecimientos municipales también pueden participar de los proyectos de mejoramiento educativo (PME) que ofrece el ministerio. Los municipios además deben formular el PADEM que es un instrumento de diagnóstico y planificación general de los colegios bajo su cargo el cual se construye de forma anual.

Haciendo la bajada al aula, la descentralización curricular entrega la posibilidad de que el establecimiento y los propios docentes realicen los ajustes que consideren necesarios bajo sus criterios (necesidades de los estudiantes, contextos, etc.) al currículum, para lo cual sólo definen ciertas premisas básicas (CMO, OF, OFT) para asegurarse de cierta sintonía y estandarización nacional de la implementación curricular, quedando la selección, profundización, metodología, acentos, etc., que se desee dar al currículum, en manos del docente. Esto sin duda constituyó un gran avance en la autogestión del currículum, pudiendo hacerlo mucho más significativo y orientativo a las distintas realidades que se viven en el territorio nacional, lo que se fue traduciendo en la práctica desde pequeños ajustes (focos, actividades, selecciones curriculares) hasta planes propios en algunos casos.

Sin embargo, esta realidad no ha sido todo lo explotada que se espera y es que la posibilidad de autogestionar el currículum demanda una serie de esfuerzos que no todos estas dispuestos a asumir, por los tiempos y recursos que ello demanda, por lo cual si bien hay ciertos establecimientos que lo han podido aprovechar, se ha demostrado que la mayoría no lo ha asumido como tal, sobre todo en lo que respecta a los colegios de la zona central, pues asumen que la propuesta curricular vigente (y la actual) no implica realizar mayores cambios, como si pasa en zonas más alejadas en donde se trata de contextualizar más el currículum a esas realidades particulares más heterogéneas que las que se ubican en la zona central del país. Pero el tiempo también ha sido clave. Sabemos que los docentes del sistema escolar cuentan con un tiempo muy reducido en su mayoría para realizar las funciones de preparación de la enseñanza y la evaluación de la misma, las cuales se suelen hacer fuera de horarios de trabajo, por lo que la posibilidad de autogestionar el currículum ha quedado relegada en muchos casos por esta barrera temporal. Además los libros de clases en muchos casos, se han convertido en una de las formas más comunes de abordar el currículum, lo que también resta espacio (pero de forma voluntaria de parte del docente o del establecimiento) a poder autogestionar el currículum.

De esta manera, la descentralización curricular es real, se ha implementado incluso, pero pocos docentes y aún menos establecimientos la han aprovechado por tiempo, recursos, porque no siente la necesidad y por otro serie de motivos que han terminado haciendo que se la descentralización curricular se haya convertido más que nada en una anécdota local, más que en una realidad nacional.

Sin embargo, y fuera de las medidas políticas, administrativas o económicas que se pueden implementar para disminuir el centralismo educacional o en el caso analizado el centralismo curricular, sin duda una de las más relevantes es el poder cambiar la cultura escolar al interior de las instituciones educativas, debiendo entender estas que no son simples unidades que replican la estructura curricular impuesta, sino que deben darle un valor agregado en post de integrar las realidades, problemáticas, necesidades y potencialidades de los grupos particulares de estudiantes, y la comunidad en general, a la cual atienden, siendo esta posibilidad de la descentralización curricular una excelente posibilidad todavía en evolución y que incluso hoy con el ajuste curricular se ha visto mucho más ampliada.

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