Breve Reflexión Sobre el Voto Voluntario

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Si bien se pueden hacer una serie de análisis en torno a la elección presidencial de hoy, más que los resultados que no eran sorpresa para nadie, se instala definitivamente el tema de la baja participación electoral y el voto voluntario, situación ante la cual compartimos unas breves reflexiones.

El voto es un derecho no una obligación ni tampoco la única forma de participar

La alta abstención desde que se instauró el voto voluntario que comenzó a operar desde las elecciones municipales del año 2012 (ver otras reflexiones aquí y aquí) ha invitado a la clase política a discutir si es necesaria la vuelta al voto obligatorio. Sin duda se requiere de alguna estrategia para legitimar el desprestigiado sistema político, pero parece que se olvida, que aunque probablemente el voto voluntario ha acrecentado la baja participación, anterior a ello, la baja inscripción juvenil y la alta tasa de nulos y blancos ya hacían ver que el problema no era la modalidad del voto en sí misma, sino la apatía al sistema político.

Se debe considerar además que desde el plebiscito de 1988 y de la elección presidencial de 1989 y considerando en parte las elecciones de 1993, no han existido elecciones ni polarizadas ni que hayan despertado mayor interés en la población, en parte por la similitud que existe entre los proyectos de las dos grandes fuerzas políticas del país.

El voto por definición es una acción voluntaria, por tanto no tiene sentido volver a un voto obligatorio. La discusión no debería estar en hacer o no obligatorio el voto, sino en profundizar el universo de votantes, para lo cual se puede implementar el voto de extranjeros y sobre todo el voto electrónico y además profundizar la democracia en el país, no olvidando por ejemplo cambiar el sistema eleccionario, siendo clave eliminar el binominal, aunque claro, cuando él conviene a la fuerza política de turno, su discusión pasa a estar en segundo plano.

¿Pero que genera esta alta abstención?. El descrédito de la clase política, la falta de proyectos con cambios reales y significativos y que tengan el apoyo para llegar al gobierno, la convergencia entre la derecha y la centro-izquierda en las diversas áreas del quehacer del país, y otra serie de motivos como la baja cobertura a la participación política por los medios de comunicación (debate, no elecciones ni politiquería), la desmovilización de la sociedad (en la cual por ejemplo las grandes empresas prefieren pagar las multas que dar derechos sindicales), y sobre todo el individualismo, exacerbado en los bloques políticos y no menor en la población, son algunas de la razones de por qué la actividad política en general ha pasado a segunda plano.

El problema no radica en la coyuntura, sino en la estructura

El problema no es que exista solamente descontento con la clase política, sino que existe una tendencia en la actualidad en el país hacia la desafección política. No es sólo un descrédito del sistema político, sino también la sensación de impotencia de que independiente de quien esté en el poder, no llegarán los cambios que la ciudadanía requiere (educación, sistema de previsión, salud, sueldos dignos, etc), discurso que ha pasado a ser transversal en la clase política quien realiza ofertones políticos para mejorar todas estas áreas, pero que la ciudadanía concibe como inválidos, ya que ninguna fuerza realmente podrá o tendrá la intención real de operar los cambios.

Y claro, todo parece ser culpa del voto voluntario, pero no, es sensación instaurada de que no habrán cambios sustanciales lo que invita a buena parte del país a abstenerse políticamente. La participación en otras áreas es alta (educación, religión, deportiva, etc) pero la política desde la dimensión electoral es baja, por lo tanto no es una apatía generalizada, sino sobre el sistema político. Es válido abstenerse, tan válido como votar blanco, anular o marcar una tendencia, opciones mucho más válidas que ir a votar por temor a una multa como pasa en el voto obligatorio.

El resultado concreto ha sido que cerca del 50% de la población con derecho a voto opta por no ejercerlo. Los datos parecen demostrar que ya se sabe cuántos van a votar por una tendencia, de hecho si se cruzan los votos obtenidos por ambas fuerzas políticas en las elecciones presidenciales anteriores se puede ver que la votación es similar. Buena parte de ello, hace que el sector juvenil, probablemente el más alejado no de la actividad política sino del sistema político, siendo prueba de ellos las masivas movilizaciones de los últimos años en educación por ejemplo, esté descontento e insatisfecho con el sistema político imperantes y especialmente con la clase política instaurándose el discurso de que su voto no cambiará el sistema.

El problema de esta situación y sin entrar al cuestionamiento de la legitimidad del sistema a partir de esa realidad, es que se deja abierta la puerta a los populismos, u otras formas que bajo la bandera de la solución inmediata de los problemas, puede generar aumento de la democracia (por ejemplo, más personas votando, sobre todo las que se sentían fuera del sistema) pero a su vez se renuncia a cierta gobernabilidad que posee el país o derechamente a las regresiones autoritarias con sus promesas de orden limitan las libertades personales. El voto es parte de esta realidad, pero no la única, mientras la sociedad se siga empoderando de sus derechos en todo ámbito y la clase política permita que así sea, la atención debería disminuir, pero si no hay cambios, sobre todo hoy con una fuerza política que tiene todo a su favor (gobierno, parlamento, gobiernos regionales, alcaldías, parte de la población) esta situación sin duda pasará a acrecentarse a partir de la idea de que todo sigue igual.

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